Ciudad Madre
Poema de Héctor Julio Martínez Martínez
En tu vientre nació mi linaje, y en tus calles de piedra aprendió a caminar mi sangre. Eres origen de regiones y pueblos, cuna de empresarios y arrieros; en tu alma, Antioquia empezó a formarse.
Soy lejado de tus estirpes antiguas, memoria viva de indígenas, negros, blancos y mestizos que me otorgaron su herencia. Y su voz a mi regresa para honrar, tu existencia.
En tus casas de fachadas blancas el tiempo se quedó esperando, entre portones, patios y balcones. Tus calles guardan los pasos de mi ancestro antioqueño, fruto de un crisol de encuentros y conveniencias de razas.

Tu Catedral, Santa Bárbara, La Chinca,son faros de piedra donde la fe encendió sus velas
entre espadas, amores y sueños;
y en tu parque principal,
el tiempo todavía se estremece,
porque allí la vida escribió historias de almas libres y cuerpos mortales que tenían dueños.
Eres obra de manos sabias que construyeron un puente para intercambiar épocas, ríos y silencios sin romper tu esencia.
Bajo tu cielo se maduró el carácter de los míos: palabra firme, trabajo sin vergüenza y el valor sereno de ser honesto.
A finales de Diciembre tu hijos convierten una vieja herida en música, una memoria en fiesta y un silencio en carcajada.
Detrás de cada máscara vive una historia que alguna vez no pudo hablar; detrás de cada baile, un pueblo que aprendió a celebrar su libertad.
Tu fe aun camina entre sermones y procesiones de Semana Santa, cuando la devoción no se esconde y el espíritu aprende a no rendirse.

Desde ti partieron mis mayores: abrieron montaña y nación, llevaron cultura, palabra y arte como herencia y devoción.
Conservas tu habla antigua: español sobrio, con acento cortado, lengua heredada bajo la imposición de la espada, en nombre de un Dios cercano y de un rey muy lejano.
Aprendí, recorriéndote, que la memoria también alimenta.
Santa Fe de Antioquia, no te habito: te continúo.
No te recuerdo: te nombro.
Porque en libertad de conciencia, honro a mis ancestros, cuando describo tu historia.

