Thomas Piketty*

Viva el Socialismo

«Si me hubieran dicho en 1990 que en 2020 iba a publicar una colección de crónicas titulada ¡Viva el socialismo! habría pensado que se trataba de un mal chiste. Pertenezco a una generación que no tuvo tiempo de dejarse seducir por el comunismo y que se hizo adulta constatando el fracaso absoluto del sovietismo», cuenta Thomas Piketty en el prefacio de esta colección de sus columnas mensuales publicadas en Le Monde desde septiembre de 2016 hasta julio de 2020.

«A mis 18 años, acababa de pasarme el otoño de 1989 siguiendo por la radio el colapso de las dictaduras comunistas y del “socialismo real” en la Europa del Este. En febrero de 1990 participé en un viaje de estudiantes franceses en apoyo de la juventud rumana, que acababa de deshacerse del régimen de Ceausescu. Llegamos en plena noche al aeropuerto de Bucarest y luego fuimos en autobús a la tristona y nevada ciudad de Brasov, enclavada en el arco de los Cárpatos. Jóvenes rumanos nos mostraron con orgullo agujeros de bala en las paredes, testimonios de su revolución. En marzo de 1992 haría mi primer viaje a Moscú, en donde vi las mismas tiendas vacías y las mismas avenidas grises. Había logrado infiltrarme en el bagaje de un coloquio franco-ruso titulado Psicoanálisis y ciencias sociales, y con un grupo de académicos franceses algo perdidos pude visitar el mausoleo de Lenin y la plaza Roja, donde la bandera rusa acababa de sustituir a la soviética».

«La historia decidirá si la palabra socialismo está definitivamente muerta y debe ser reemplazada. En mi opinión, puede salvarse, y de hecho sigue siendo el término más apropiado para designar la idea de un sistema económico alternativo al capitalismo. En cualquier caso, uno no puede contentarse con estar «en contra» del capitalismo o del neoliberalismo: hay que estar también y sobre todo «a favor» de otra cosa, lo que exige ser capaz de definir con precisión el sistema económico ideal que uno desearía poner en práctica, la sociedad justa que uno tiene en mente , sea cual sea el nombre que finalmente decida darle. Se ha convertido en un lugar común decir que el sistema capitalista actual no tiene futuro, ya que profundiza en las desigualdades y agota el planeta. Esto no es falso, pero, a falta de una alternativa concreta, el actual sistema tiene todavía muchos días por delante».

En los años noventa fue más liberal que socialista, pero treinta años después cree que el hipercapitalismo ha ido demasiado lejos y que debemos pensar en la superación del capitalismo, en una nueva forma de socialismo, participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico y feminista.

Ahora Piketty propone importantes «elementos para un socialismo participativo» que «constituyen únicamente un punto de partida, una diminuta contribución a un enorme proceso de elaboración colectiva, discusión contradictoria y experimentación social y política, un proceso de largo plazo que deberá hacerse con toda humildad y tenacidad, habida cuenta de la magnitud de los fracasos pasados y de los desafíos futuros».

*Thomas Piketty (Clichy, Francia, 1971) es director de investigación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), profesor en la Paris School of Economics, de la que fue su primer director, y co-director de la World Inequality Database (WID.world). Tras doctorarse con apenas 23 años en la London School of Economics (LSE) bajo la dirección de Roger Guesnerie, ha sido profesor en distintas instituciones, entre las cuales la propia LSE y el Massachussets Institute of Technology (MIT). Es autor de decenas de artículos académicos en algunas de las publicaciones más prestigiosas, como American Economic Review, Journal of Economic Theory o Econometrica, así como de numerosos libros, entre los que destaca El capital en el siglo XXI (2013), del que se han vendido más de 2,5 millones de copias en todo el mundo. Ha recibido, entre otros, el Premio Yrjö Jahnsson (2013) de la Asociación Europea de Economía (EEA), ex aequo con la economista Helene Rey, al economista más destacado menor de 45 años. El 1 de enero de 2015, rechazó la Legión de Honor otorgada por el gobierno francés haciendo la declaración: «Rechazo esta nominación porque pienso que no es el papel del gobierno el decidir quién es honorable.»