Juicios

LOS MODELOS ECONOMICOS DEL SIGLO XXI Y SU IMPORTANCIA EN LA ELIMINACION DE LAS DISPARIDADES SOCIOECONOMICAS

Alfredo Vanegas Montoya

El hecho cronológico del nuevo milenio sirve de marco  para el análisis de unas tesis que inciden profundamente en el status de las naciones y en el desarrollo y bienestar de sus gentes.

La teoría económica también ha sido replanteada.

A las fuerzas del mercado y a la orientación estatal se enfrentan las alianzas continentales, públicas y privadas y los grupos de presión regulares e irregulares.

En la década perdida el criterio imperante en los países menos desarrollados fue el de escenarios de crisis o de perspectivas utópicas. En los noventas se destacó un mayor realismo en los procesos sociales y económicos. Los interrogantes planteados por esta Nueva Sociedad imponen el estudio de los retos políticos, económicos y culturales de la globalización cuyos efectos no siguen el mismo rumbo.

Aun está en proceso la recuperación y ajuste de la mayoría de los países de América Latina que deben redefinir sus posiciones dentro del sistema económico mundial. Para culminar el cambio debieron despedirse del desarrollismo cepalino y keynesiano. Esa despedida fue demorada porque el “síndrome de San Dionisio” gravitaba sobre el subcontinente. Cuenta la Historia que el mártir Dionisio recorrió más de diez kilómetros, en París, con su cabeza debajo del brazo después de haber sido ejecutado en Montmartre. El periplo fue hacia el norte donde hoy está la catedral de Saint-Denis. Los amigos del intervencionismo estatal, los mercantilistas y los proteccionistas de años anteriores continuaron sus faenas después de haber sido decapitados por la revolución neoliberal.

Se ha requerido entonces una profunda reforma de los aparatos estatales para superar la respuesta imperfecta del intervencionismo de estado y de las fuerzas del mercado. Las reformas iniciadas servirán para cerrar la brecha que generó profundas disparidades socioeconómicas.

Para América Latina, la estabilidad monetaria ligada a la nueva dinámica del desarrollo consolidó la orientación hacia  el mercado mundial, mediante la liberalización del comercio exterior, las privatizaciones y las reformas político-económicas estimuladas con la promoción interna de la competencia. Esa estabilidad monetaria y económica todavía es incierta.

La existencia de disparidades es obvia. ¿Cómo superarla?

Durante los debates de la X Sesión de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo celebrada en febrero de 2000, en Bangkok, respondieron  los especialistas:

El primer ministro de Singapur, Goh Chok Tong, quien fuera ardiente defensor del liberalismo y el libre comercio, afirmó que era urgente crear un nuevo marco que promoviera el consenso mundial acerca de la apertura de los mercados y moderara los excesos más graves. El consenso internacional respecto del sistema de libre comercio se verá debilitado por las presiones y alteraciones de las inclemencias del mercado si no se establece ese nuevo orden mundial.

El Presidente de Indonesia Abdurrahman Wahid, pidió un cambio en las reglamentaciones monetarias internacionales, que suponen tácitamente la debilidad de algunos países y aseguró que Indonesia debe aceptar los acuerdos impuestos por los países industrializados, pero cuando sea fuerte no seguirá sometida a ellos.

El exsecretario de la UNCTAD, Gamani Corea dijo que habría que acordar un modo de lograr una “gobernabilidad económica mundial” para que los países en desarrollo se vean representados igual que los industrializados. Además habría que establecer diferencias entre las obligaciones que se imponen a unos y otros.

El Ministro de Economía y Comercio de Egipto, Yousef Boutros Ghali, subrayó que el mercado es un motor de crecimiento, pero los parámetros del sistema internacional deben estar claramente definidos y ser justos para todos.

El Ministro de Industria y Comercio de India, Murasoli Maran, advirtió que el siglo XX termina con dos grandes fracasos ya que no se resolvieron ni el problema del desempleo ni el de las crecientes desigualdades. El tema no es quién debe dominar, el estado o el mercado, sino que es necesario encontrar el equilibrio que a su vez dependerá de cada país, de la capacidad del gobierno en cada caso y del desarrollo institucional de los mercados. Afirmó que la Organización Mundial de Comercio se parece a una calle de tránsito en un solo sentido, ya que se puede ir de Norte a Sur, pero la dirección contraria suele estar bloqueada. El mundo industrializado sigue presionando para que sus productos, servicios, capitales y derechos de propiedad intelectual tengan cada vez más acceso a los mercados mundiales, mientras que esos mismos derechos les son negados a los países del sur en desarrollo en sectores en los que tienen ventajas comparativas. Es necesario resolver el temor, la ansiedad y la inseguridad de los países en desarrollo, así como frenar los intentos de los mercados del mundo industrializado por rehuir la competencia del Sur. La colaboración internacional es muy buena pero no se debe sustentar un sistema como el actual que, en nombre de la coherencia, ejerce fuertes presiones sobre los países pobres a través de los condicionamientos cruzados.

El embajador de Pakistán en Ginebra, Munir Akram, sostuvo que el proceso de globalización está jalonado por “luchas Darwinianas” entre las principales firmas internacionales por la supervivencia del más fuerte, y que el caprichoso flujo de los capitales financieros suele determinar el destino de los pueblos. La comunidad internacional debe encontrar una solución para mitigar las consecuencias negativas de la globalización y establecer una agenda apropiada para resolver las desigualdades del sistema mundial de comercio.

Celso Amorim, de Brasil, señaló que los países en desarrollo se ven obligados a ajustarse a un sistema que no diseñaron y sobre el cual siente, con razón, que tienen derecho a influir. Es justo que esos países esperen que sus esfuerzos, cuyo costo político y social ha sido muy alto en muchos casos, se vean recompensados con acciones concretas por parte del Norte industrializado. El sueño de un nuevo orden económico se derrumbó para el Sur, ya que se basaba en esperanzas poco realistas de consideraciones éticas o políticas y no en las leyes del mercado. Pero lo menos que esperaban los países pobres era que sus vecinos ricos cumplieran con la promesa de abrir los mercados a los elementos que aquellos producen de manera competitiva.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Tailandia Surin Pitsuwan, indicó que el proceso de globalización no es algo que se pueda elegir sino que ya es un hecho, al igual que sus desigualdades. Se necesita un enfoque global para diseñar y manejar este proceso y maximizar las oportunidades, minimizar los riesgos y frenar la marginación. El camino de la liberalización y la integración debe ajustarse al nivel de desarrollo. Habrá que mejorar el sistema financiero internacional actual para evitar una nueva crisis y proporcionar un mejor manejo de la misma.

Ana María Solarez Gaiti, viceministra de Bolivia, dijo que se debería poner la globalización al servicio del desarrollo.

El viceprimer ministro de Jamaica, Seimour Mullings, sostuvo que elaborar un programa más global y centralizado para aliviar la deuda insustentable de los países en desarrollo no alcanza y que es urgente encontrar enfoques más amplios y creativos para solucionar ese problema.

A pesar de las  elucubraciones de la dirigencia política del tercer mundo, insistimos en que  la liberalización y apertura de las economías, la modernización y achicamiento del estado con el incremento de los procesos de privatización siguen vigentes  y presentan un peligro menor que el retorno de viejas doctrinas.

Es la competencia libre, transparente y sin monopolios ni posiciones dominantes, la generadora del más dinámico motor del desarrollo. Una oferta amplia de bienes y servicios da a los consumidores oportunidad y libertad de elección y por consiguiente así se protegen de la explotación y la arbitrariedad que se desprende del dominio estatal.

Como asevera el Dr. Rudiger Soltwedel del Instituto de Economía Mundial de la Universidad de Kiel, Alemania “La competencia es social, la competencia es el principio de ordenamiento continuo en una sociedad libre y abierta, no solo en la economía sino en muchas áreas de la vida pública, en el proceso de competencia hay una calidad de ética muy alta que da fuerza al manejo económico de los bienes escasos y así ayuda a evitar un derroche, ejerce presión en los empresarios para que hagan innovaciones y se mantengan competitivos en el mercado”.

Generalmente, cuando el empresario tiene éxito, es porque ha logrado un mejor desempeño a favor del consumidor.

Una política de libre competencia solo es posible en un sistema de mercado abierto. Que no esté bloqueado el acceso a nuevos bienes, nuevos ofertantes y nuevas ideas para que los precios se puedan manejar libremente. Hay que abrirle la vía al proponente mejor y más barato. Lo que el estado debe proteger es el proceso de competencia y no los competidores.

También, para beneficio común, el estado debe dinamizar los mercados y aumentar la seguridad de lo social. La privatización de empresas públicas puede ser necesaria pero esa privatización debe ir ligada al fomento de la competencia. No es dable cambiar monopolios estatales por monopolios privados.

Para eliminar las disparidades socio-económicas se requiere, además, estimular la igualdad de oportunidades.

No se trata simplemente de plantear la redistribución de la riqueza. La carga tributaria será equitativa y universal. Debe sancionarse punitivamente la evasión fiscal. Igualmente ha de perseguirse a quién malverse o disponga en forma fraudulenta de recursos públicos.

El estímulo a la creación de nuevos puestos de trabajo irá a la par con la modernización del entorno educativo mediante la apertura de nuevos espacios en todas las fuentes del saber.

El acceso a nuevas tecnologías, especialmente de computación e internet, debe facilitarse a toda la población. Hay que eliminar  barreras arancelarias y permitir que cada ciudadano pueda tener su propio computador. Muy pronto será analfabeta quién no opere un ordenador.

Ante todo se imponen severas y profundas reformas estatales. Los políticos responsables deben darse cuenta de esto. Nada detiene el impulso y la acelerada integración de la economía mundial. Es entonces la economía de mercado, con un ordenamiento claro, la que puede generar gran solidaridad ya que la pobreza presenta para ella un desafío ético que ha sido aceptado y es el que debe consolidarse: la vida y la dignidad humana.

Una última tesis: Protección a la democracia. Las mayorías eliminarán las barrreras proteccionistas. La gran depresión en los años treinta del siglo XX estalló cuando los Estados Unidos cerraron sus fronteras para productos importados. Con democracia se adoptan normas que garanticen estabilidad jurídica y definan con claridad el derecho de propiedad. Con democracia el intercambio de principios abre el camino al intercambio de productos.

¿Cual modelo, entonces, elimina las disparidades socioeconómicas?  

El del libre mercado, ético y transparente, dentro de la democracia participativa. Puede ser el Modelo del éxito.