De Cara al Porvenir, Pedro Juan González Carvajal*
Cumplir la ley vs Aplicar justicia
En la vida cotidiana confundimos dos conceptos que no siempre van juntos: cumplir la ley y aplicar justicia. La ley es el conjunto de normas escritas por el Estado. La justicia es el ideal moral de dar a cada quien lo que le corresponde. A veces coinciden. A veces chocan. Entender esa diferencia es clave para ser ciudadanos críticos y no solo obedientes, ya que existe una gran distancia entre la norma y lo correcto.
1. Cumplir la ley: Obediencia al código
Cumplir la ley significa ajustar la conducta a lo que dice el código, el decreto o la ordenanza. Es una obediencia formal y externa. No pregunta por el “por qué”, solo por el “qué”.
La ley tiene 3 ventajas: da orden, previsibilidad y evita el caos. Sin semáforos escritos nadie sabría cuándo cruzar. Sin contratos nadie confiaría en el otro. Por eso los Estados exigen obediencia: una sociedad donde todos interpretan “su justicia”, colapsa.
Pero la ley también tiene límites. Es ciega, general y lenta. Se escribe para el promedio, no para el caso concreto. Y la escribe el poder de turno, con sus intereses. Por eso una ley puede ser legal y a la vez injusta. El ejemplo más crudo: en Estados Unidos la ley permitía la esclavitud hasta 1865. En Alemania Nazi, la ley ordenaba entregar judíos. Cumplir la ley ahí era cumplir la injusticia.
Thoreau lo dijo directo: “La ley nunca vuelve a los hombres un ápice más justos”. Se puede obedecer al pie de la letra y aun así traicionar la conciencia.
2. Aplicar justicia: Obediencia a la conciencia
Aplicar justicia va más allá de la norma. Pregunta: ¿Esto es equitativo? ¿Repara el daño? ¿Trata igual a los desiguales? La justicia mira la intención, el contexto y las consecuencias.
Aristóteles la definió como “dar a cada uno lo suyo”. Pero “lo suyo” no siempre está en el papel. Un juez puede absolver a alguien que robó pan para alimentar a sus hijos. Está violando el código penal, pero aplicando justicia distributiva. Un profesor puede cambiarle la nota a un estudiante que tuvo una crisis familiar. Está rompiendo el reglamento, pero aplicando justicia con equidad.
La justicia se apoya en 3 principios que la ley no siempre tiene:
1. Equidad: Tratar diferente a los que están en situación diferente. La ley dice “todos pagan el mismo impuesto”. La justicia pregunta si ese impuesto arruina al pobre y no le hace cosquillas al rico.
2. Reparación: No solo castigar, sino restaurar. La ley manda 5 años de cárcel. La justicia pregunta si la víctima quedó reparada y si el victimario se puede reintegrar.
3. Moralidad superior: La justicia apela a derechos humanos, dignidad, sentido común. Por eso Martin Luther King decía: “Una ley injusta no es ley en absoluto”.
3. Cuando chocan: El dilema del ciudadano
El conflicto aparece en 3 escenarios:
A. Ley injusta: La Marcha de la Sal de Gandhi. La ley británica obligaba a comprar sal con impuesto. Era legal. Era injusta porque empobrecía a millones. Gandhi desobedeció haciendo sal ilegalmente. No cumplió la ley, pero aplicó justicia.
B. Ley ciega: Una madre roba medicina para su hijo con cáncer porque no tiene seguro. La ley dice “hurto = cárcel”. La justicia dice “salvar una vida es mejor que protegerpropiedad”. Aquí el juez tiene la opción de aplicar el “estado de necesidad” y no condenar.
C. Ley desactualizada: En Colombia hasta 1991 el divorcio era casi imposible. La ley decía “matrimonio para siempre”. La justicia decía “nadie debe vivir atado a la violencia doméstica”. La Constitución del 91 actualizó la ley para que se acercara más a la justicia.
En todos los casos, quien aplica justicia sin cumplir la ley asume un costo: la multa, la cárcel, el rechazo social. Por eso Thoreau y King insistían en “aceptar el castigo”. Si desobedeces y huyes, eres delincuente. Si desobedeces y das la cara, eres reformador.
4. ¿Entonces qué hacemos? El ciudadano entre los dos polos
La solución no es anarquía: “cada uno hace su justicia”. Eso sería el caos. Tampoco es obediencia ciega: “la ley es la ley y punto”. Eso fue lo que alegaron los nazis en Nuremberg y fueron condenados igual.
El equilibrio está en 3 actitudes:
1. Obedecer por defecto: La ley da estabilidad. Se cumple mientras no choque con la dignidad básica.
2. Cuestionar siempre: Preguntar “¿esta norma es justa?” como hizo Sócrates en Atenas. El ciudadano crítico no es rebelde, es responsable.
3. Desobedecer con responsabilidad: Solo cuando la ley viola derechos fundamentales, y siempre de forma pública, pacífica y aceptando consecuencias. Ese es el fundamento de Thoreau y el filtro que diferencia al protestante del vándalo.
Las democracias sanas necesitan ambas cosas: ciudadanos que cumplen la ley para que el país funcione, y ciudadanos que aplican justicia para que el país mejore. La ley sin justicia es tiranía. La justicia sin ley es caos.
Cumplir la ley es seguir el mapa. Aplicar justicia es saber cuándo el mapa está mal dibujado. El primero evita el desorden. El segundo evita la crueldad.
Una sociedad madura no forma solo obedientes, forma personas con criterio. Personas que pagan impuestos, pero también marchan cuando el impuesto es injusto. Que respetan al policía, pero también denuncian el abuso de autoridad.
Al final, como dijo San Agustín: “Una ley injusta no obliga en conciencia”. Nuestro deber no es con el papel, es con las personas que el papel intenta proteger. Y cuando el papel falla, el deber es corregirlo, aunque cueste.
Fernando González, filósofo antioqueño, presentó como tesis de grado el texto “El derecho a desobedecer” en la Universidad de Antioquia para graduarse de abogado. Lo descalificaron por “inmoral y subversiva”. Hoy es un clásico del pensamiento latinoamericano.
Idea central en 3 puntos:
1. La ley sin alma es violencia
González ataca la obediencia ciega a la ley. Dice que el Derecho que se enseña en Colombia es puro “formalismo europeo”: códigos copiados sin pensar nuestra realidad. Una ley justa no es la que está escrita, es la que nace de la vida, la conciencia y el instinto del pueblo. “Desobedecer es el deber de todo hombre que se respeta” cuando la ley va contra la vida.
2. El hombre americano vs el hombre de códigos
Critica al abogado colombiano: un “repetidor de códigos” sin filosofía, sin tierra, sin pasión. Propone al “hombre americano”: visceral, auténtico, que piensa desde su experiencia. Para él, Sócrates desobedeció a Atenas y fue más legal que los jueces. Desobedecer es acto de creación, no de anarquía.
3. Derecho como arte de vivir, no como técnica
Plantea que el Derecho debe ser metafísico y vital. No sirve un código perfecto si la sociedad está muerta. El verdadero derecho nace cuando el individuo se rebela contra lo impuesto y crea sus propias normas desde la conciencia. Por eso defiende la “insurrección interior”.
Recordemos a Michael Ignatieff cuando sostiene que “El Estado debe luchar por un país donde la esperanza estuviera distribuida justamente, donde todos tuvieran la oportunidad de construirse una vida allí donde residieran”.
*Doctor en Filosofía, Ingeniero de Sistemas, Académico, Tratadista, Catedrático. Ha desempeñado, entre otros, los cargos de Rector de la Corporación Universitaria Lasallista, de la Corporación Universitaria Uniremington y Presidente Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia.

