Juicios, Alfredo Vanegas Montoya
Historia
LIBERALISMO Y SOCIALDEMOCRACIA*
Texto publicado originalmente en el periódico EL MUNDO, Medellín-Colombia, Domingo 14 de Marzo de 1982
Los espíritus reaccionarios de todas las horas se han levantado, escudados en su traje fantasmal, contra las tesis difundidas por el jefe del liberalismo y candidato Alfonso López Michelsen, de adhesión del partido mayoritario de colombia a la social democracia.
Se ha caracterizado el Partido Liberal Colombiano por la indeclinable defensa de todas las libertades para que disfruten de ellas todos los asociados. En esa búsqueda del bienestar general abrevamos con Uribe Uribe en los manantiales del socialismo, asumió su función social la propiedad con López Pumarejo y con el fallido Unirismo de Gaitán oteamos la socialdemocracia al decir de uno de los biógrafos del mártir del nueve de abril de mil novecientos cuarenta y ocho.
Superados los recesos de la democracia, producidos por la violencia, la dictadura militar y el frente nacional, retomamos las banderas libertarias que fueron protegidas, en buena hora, por el MRL con las tesis de salud, educación, trabajo, techo y tierra. El jefe de ese movimiento de la segunda mitad del siglo veinte, llegó con sus ideas, en nombre del liberalismo a la presidencia de la república apoyado en el más elevado caudal intelectual y político que se haya conocido en América Latina.
Su objetivo lo centró en un plan de desarrollo tendiente a lograr un crecimiento de la economía que hiciera posible la creación masiva del empleo productivo, y por lo tanto beneficiara de manera especial al cincuenta por ciento más pobre de la sociedad colombiana. Ese líder de la nueva sociedad es ALFONSO LÓPEZ MICHELSEN.
Colombia en ios últimos años ha sido gobernada por liberales y conservadores cuya ideología es la democracia imperfecta. Mas no es posible que nos empeñemos en pulir nuestras tendencias ignorando otras que se abren paso en diversas latitudes.
Es el caso de la Socialdemocracia. El mundo actual se encuentra en un constante proceso de cambio y sería iluso pretender llegar a una sociedad «perfecta» o «terminada». No hay ninguna «meta final». El proceso no tiene fin. Y puesto que vivimos una constante de cambio, el partido liberal tiene que ser una guía, una línea de conducta basada en principios fundamentales. No puede entonces impunemente permanecer a la zaga de las realidades. Hoy, la ideología internacional que más se asemeja a nuestras pretensiones está contenida en la socialdemocracia. Porque no basta con tener un sistema democrático, establecer reglas de juego justas y ofrecer la posibilidad de participar a todos los ciudadanos. Es necesario que éstos sean conscientes no sólo de sus derechos sino de las responsabilidades que ellos generan. La democracia que no se practica es letra muerta. Necesita contenido, vida y actividad. El nivel cultural del pueblo es muy importante. Pero también lo es la vitalidad del partido. Se necesita una discusión permanente para analizar, formular y defender los principios e intereses que se representan. Esa no es tarea de un grupo de dirigentes sino de todos. Se necesita actividad, iniciativas, colaboración. Sobre todo es necesario que los miembros participen para tratar de resolver los problemas del país y no para obtener el beneficio propio. En primer plano, es necesaria la financiación del partido. Los afiliados conciben al partido como una herramienta de la que disponen para mejorar las condiciones en general y para elevar el nivel de vida. Es preciso que el partid sea financiado por todos. Ser miembro de un partido supone trabajar para llegar al Poder. Nosotro que lo tenemos estamos en la obliga ción y el derecho de conservarlo.
Las tesis esbozadas, que nosotros aceptamos, pertenecen a la organización de la social democracia de Suecia que ha llegado al más alto nivel de bienestar común que pueda presentarse en el mundo libre.
Para concluir podemos afirmar que la vinculación del liberalismo a la social democracia no conlleva ninguna limitación de nuestra soberanía protegida por un sano nacionalismo y una tradición internacional avalada en tratados universal y recíprocamente reconocidos. Buscamos sí más poder real para el pueblo, una creciente participación popular en las decisiones políticas, económicas y sociales. Más igualdad, mayor seguridad social, mayor seguridad de empleo, mejor enseñanza. Por último eliminar las diferencias de clase para llegar a la plena igualdad, la plena fraternidad y la suma armonía, que son metas utópicas, pero francamente deseables para la paz futura de la humanidad.
Si propiciamos los cambios que el país requiere bajo la autorizada dirección de ALFONSO LOPEZ MICHELSEN Colombia puede prepararse para ejercer tranquilamente el liderazgo mundial que le deparará el siglo XXI.
*Texto publicado originalmente en el Periódico EL MUNDO, Medellín-Colombia, Domingo 14 de Marzo de 1982

